La edad de oro del shale gas

25 de mayo de 2013

Que los combustibles fósiles son un recurso limitado con fecha de caducidad es algo conocido, como lo es el esfuerzo realizado para desarrollar fuentes de energía renovables. Sin embargo, el desarrollo de nuevas técnicas para la extracción de recursos naturales fósiles, hasta ahora difíciles de alcanzar o no rentables hasta el momento, ha dado un giro al panorama energético. 
Este es el caso del gas esquisto. 

El gas esquisto, o gas pizarra (shale gas en inglés) es la denominación del gas natural presente en yacimientos de esquisto. Esta roca metamórfica, que se encuentra en zonas profundas de la corteza terrestre ha estado sometida a condiciones de elevada presión y temperatura. Por ello estas formaciones presentan una baja permeabilidad y porosidad, lo que ocasiona que para la extracción comercial del gas contenido en éstas sea necesaria la fracturación hidráulica de la roca (fracking). 


Hasta ahora, las reservas de gas natural en explotación eran las que se encontraban atrapadas en bolsas de roca porosa a elevada presión a pocos centenares de metros por debajo del nivel de tierra, lo cual hacía relativamente sencillo su extracción. Sin embargo, las reservas del denominado gas no convencional se encuentran a gran profundidad (más de 3.000 metros), a esto se le debe sumar la complejidad en su obtención que otorgan las características del terreno en que se encuentra contenido. Por ello, ha sido necesario realizar desarrollos tecnológicos que permitan no solamente su extracción sino la rentabilidad de la misma. 

El fracking o fractura hidráulica, consiste en la inyección a alta presión de una mezcla de agua (>90%), arenas (mantienen las fracturas abiertas) y otros productos químicos (surfactantes, metales pesados, dispersantes, y compuestos orgánicos volátiles) a través de tuberías de acero recubiertas de cemento, para provocar así pequeñas rupturas en la formación geológica liberando así el gas contenido. 

En una primera etapa se realiza una perforación vertical, que permite alcanzar zonas hasta 5.000 metros de profundidad. 
Una vez se ha alcanzado la capa de pizarra se lleva a cabo la segunda etapa, que consiste en una perforación horizontal (de una longitud de entre 2 y 5 kilómetros). 
Al alcanzar la formación rocosa, se realizan pequeñas explosiones controladas provocando pequeñas fracturas donde, al penetrar la mezcla líquida bombeada a gran presión, aumenta la fragmentación de su superficie liberando el gas pizarra contenido. El gas extraído retorna a la superficie junto a la mezcla líquida a través de la conducción. 

El proceso se puede ver más detalladamente en el siguiente video: 


La extracción de gas no convencional no es algo nuevo, ya en 1949 EEUU empleó por primera vez la fractura hidráulica para la extracción de gas natural, aunque este proceso se realizó mediante extracción vertical y debido a su baja productividad quedó en segundo plano frente a otros procedimientos más rentables. Fue más adelante en 1976 cuando la fuerte dependencia energética de los países desarrollados del crudo de Oriente Medio unida a tensas relaciones políticas, cuando se impulsa la investigación en técnicas más rentables para la extracción de gas no convencional. Finalmente, a finales del siglo XX, en EEUU se realiza la primera extracción de gas no convencional con fines comerciales, abriendo las puertas a la explotación de recursos energéticos no disponibles hasta el momento. 

Actualmente, las razones que frenan la explotación de este recurso mediante fracking en numerosos países, dejando de lado intereses económicos, están ligadas a su impacto ambiental. Entre ellas se encuentran:

- El empleo de elevadas cantidades de agua, unos 10.000 metros cúbicos de agua en cada pozo, de los cuales se recupera entre el 60% y el 80%. 
- Riesgo sísmico. 
- Posibles filtraciones producidas durante las perforaciones, pudiendo contaminar las aguas superficiales y subterráneas. 
- El riesgo de fugas de gases, principalmente metano. 

Son numerosos los países que poseen reservas de este gas: Estados Unidos y Canadá son los países que presentan mayores reservas de shale gas y que realizan actualmente la extracción de este gas; en Europa, los mayores yacimientos se encuentran en Francia y Polonia; mientras que en nuestro país la mitad de las reservas de este gas se hallan en yacimientos en Cantabria y País Vasco. 

La tecnología para la extracción de este tipo de gas, permitiría por un lado incrementar las reservas de gas mundiales, mientras que por otro reduciría la dependencia energética de naciones como Argelia, Irán, Qatar…
En un país como España, que importa cerca del 99% de los recursos energéticos que consume, proporcionaría una solución a la dependencia en el abastecimiento de energía. Pero es un tema controvertido, pues esta tecnología implica una serie de riesgos ambientales que deben solucionarse y controlarse antes de proceder a la extracción del gas en el subsuelo. 

Es por ello que, en medio de una gran controversia donde se teme por el impacto medioambiental que esta técnica pueda tener, ya existen grupos de investigación desarrollando tecnologías más respetuosas con el medio ambiente, como agentes surfactantes que extraigan el gas mediante la limpieza de la roca, actuando como detergentes, además de ser biodegradables.

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