Una mañana de
1906, Francis Galton, polímata autodidacta que realizaba investigaciones por su
cuenta, paseaba por la feria anual de ganado de la ciudad inglesa de Plymouth.
Durante su visita, Galton vio que el dueño de un enorme buey estaba
ofreciendo a los visitantes la oportunidad de ganar un premio si acertaban el
peso de su animal, y se le ocurrió un curioso experimento.
Galton pidió al organizador de la
rifa que le dejara consultar las 800 papeletas de los que ya habían hecho su
predicción. Las estimaciones variaban enormemente, desde aquellas que se
pasaban por mucho hasta otras que se quedaban muy cortas, pasando por unas
pocas que no andaban desencaminadas. Pero lo que Galton observó es que la
predicción más precisa de todas era la del conjunto de apostantes, ya que la
media de las 800 estimaciones apenas difería en medio kilogramo del peso real
del buey. Esto le demostró el valor de la sabiduría de la multitud, y es solo
un ejemplo de que la unión de muchas inteligencias puede dar lugar a una superior a la que llamaremos Inteligencia Colectiva.
Basándose en este concepto, son
muchos los proyectos que han surgido en los últimos años, en los que se toma la
colaboración ciudadana como herramienta para solucionar problemas.
Pero, ¿qué tiene que ver todo esto
con esas incómodas palabras distorsionadas que nos obligan a escribir antes de
registrarnos en alguna página o comprar algo por internet?

Publicado por Paula :: 



