Desde hace más de cuarenta años, y hasta hace relativamente poco tiempo, el manejo del cáncer de mama se ha basado fundamentalmente en el conocimiento de dos factores puramente pronósticos (el tamaño y el estado ganglionar de la axila) y uno mixto, pronóstico y predictivo, los receptores hormonales de estrógenos y progesterona.
Sin embargo, con el desarrollo de la Biología Molecular y los estudios del genoma humano, se ha generado gran cantidad de información relativa a las bases que pueden determinar el pronóstico de la enfermedad e incluso el tipo de tratamiento más adecuado en función de cada tipo de tumor.