Convergencia evolutiva o los parecidos asombrosos de la naturaleza

3 de febrero de 2015

Imagínate la escena: Tres desconocidos entran en un post de Ciencia Bizarra, ese blog tan interesante donde se encuentran de vez en cuando Ciencia, Divulgación y un puñado de Curiosidades… Los protagonistas de nuestra historia de hoy proceden de lugares muy muy lejanos, de modo que no se habían visto jamás en toda la historia de la evolución. Sin embargo, de repente se miran y son… ¡prácticamente idénticos! Obviamente, se quedan paralizados, incapaces de quitarse los ojos de encima...


De izquierda a derecha: sable de plata, tajinaste rojo y puya titánica




Pasan minutos hasta que Echium wildpretii, que tiene un carácter muy canario, rompe el silencio:

- ¡Pero cómo es posible que los dos tengáis esa roseta de hojas a vuestros pies! ¡Si son clavadas a la mía! Afiladas, apretadas y bien pegada al suelo. Pero ¿para qué? Si eso solo me hace falta a mí para sobrevivir a las condiciones extremas de la cumbre de Tenerife…

- Serás ignorante... ¡Tenerife dice! ¿a quién quieres engañar? ¡Todo el mundo sabe que esa es la isla de la eterna primavera! -responde Puya raimondi, un peruano tan estirado que una vez en la vida puede alcanzar los doce metros de altura-  Si vivieras en Los Andes, en el Parque Nacional de Huascarán, sabrías lo que es frío y sequía, por encima de los 3.200 metros todo el día (y la noche)… ¿Y esa vara de flores? Pero qué copión… ¿No tienes personalidad o qué?

Su comentario ofende profundamente a Argyroxiphium sandwicense, que es más bajito y está un poco avergonzado de su complicado nombre...

- Pero bueno, ¡que falta de respeto! -comenta indignado el hawaiano- ¡qué sabrás tú del mundo! ¿Has estado alguna vez en Haleakala? Los humanos lo llaman la Casa del Sol, ¿te imaginas qué significa eso? A 3.000 metros de altitud el aire es seco, los vientos son bestiales, y encima ese suelo volcánico casi inerte. ¡Yo sí que soy un superviviente!

De izquierda a derecha, los tres Parques Nacionales de esta historia: Haleakala, Huascarán y Teide.

Tenerife, Huascarán, y Haleakala en Hawaii son tres lugares que comparten buena parte de sus condiciones ambientales. Altitud por encima de los 2.000 o incluso 3.000 metros, un clima extremo, con temperaturas que cambian de forma abismal entre el día y la noche, entre el invierno y el verano. Vientos, insolación, suelos pobres... Sin embargo, la naturaleza del planeta Tierra es solo una, y reacciona muchas veces de la misma manera ante condiciones similares. Por eso, Echium wildpretii, Puya raimondi y Argyoxiphium sandwicense comparten tantas características a pesar de que proceden de familias completamente diferentes. Los biólogos llaman a esto convergencia evolutiva.

Vamos a verlas de cerca. Aquí tenemos al tajinaste rojo

El tajinaste rojo, Echium wildpreti, es una Boraginacea. Vive una media de tres años en estado vegetativo, y solo cuando reúne energías suficientes, produce en cuestión de días una vara de cientos de flores rojas que puede llegar a medir dos metros. Cada una de estas flores contiene los dos sexos. La polinización funciona entre flores de la misma planta, pero mucho mejor si son flores de plantas diferentes. Así, los descendientes serán más fuertes.



Y esta es la reina de Los Andes

Puya titánica, o Puya raimondi es una Bromeliácea, como la piña tropical. Se conoce en Perú como Reina de Los Andes. Es la más grande de las tres, su vara puede llegar a medir 12 metros de altura. También la que más flores produce, unas cinco mil por planta, lo cual se traduce en unos 6 millones de semillas. Esto es así porque su porcentaje de germinación es realmente bajo. De hecho, es una especie en peligro de extinción.

Por último, Argyoxiphium sandwicense tiene un nombre científico impronunciable pero un nombre común de cuento de hadas: Sable de plata. Es una Asterácea que florece entre julio y octubre, mediante la producción de una espada de unos dos metros de altura y 600 inflorescencias. Las Asteráceas son esa familia de plantas en las que cada flor aparente está formada en realidad por varias flores, como ocurre por ejemplo con las margaritas. En el caso del Sable de plata, cada inflorescencia cuenta con 40 flores.

Por último, el sable de plata. Ya no se te parecen tanto, ¿verdad?


Quizá la característica más dramática que comparten estas tres especies es el hecho de que solo florecen una vez en su vida. Antes, pasan varios años en estado vegetativo reuniendo energías para, de repente, exhalar su último aliento produciendo una cantidad ingente de flores que puedan garantizar alguna descendencia. Un espectáculo para la vista en los tres casos y una prueba más de que esta Madre Naturaleza es, sencillamente, perfecta.

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